Ciberseguridad en Latinoamérica: muchas estrategias, poca capacidad real
Solo 13 países en América Latina y el Caribe cuentan con la capacidad institucional para implementar estrategias de ciberseguridad, y apenas 9 están preparados para proteger infraestructura crítica.
Este dato, lejos de ser anecdótico, resume una problemática estructural que quienes hemos participado en evaluaciones de madurez de ciberseguridad venimos señalando desde hace años.
El Reporte de Ciberseguridad 2025, elaborado por la Organización de los Estados Americanos (OEA), el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y la University of Oxford, expone una paradoja incómoda pero recurrente:
la mayoría de los países de la región ya cuenta con una Estrategia Nacional de Ciberseguridad, pero carece de las capacidades institucionales, operativas y de resiliencia necesarias para ejecutarla, adaptarla y sostenerla en el tiempo.
En otras palabras: no basta con tener documentos. Las políticas y estrategias, sin ejecución real, terminan siendo ejercicios formales sin impacto tangible.
La brecha entre estrategia y ejecución
El informe confirma algo que se repite en múltiples evaluaciones regionales:
la ciberseguridad sigue tratándose como un proyecto normativo y no como una capacidad sistémica del Estado y del ecosistema productivo.
Entre los principales déficits detectados destacan:
- Falta de organismos con autoridad clara y recursos suficientes.
- Escasez de talento especializado en el sector público.
- Débil coordinación interinstitucional.
- Ausencia de métricas de desempeño y mecanismos de mejora continua.
- Dependencia excesiva de iniciativas aisladas o de cooperación internacional no sostenida.
Esta desconexión explica por qué, pese a tener estrategias publicadas, muchos países no logran responder eficazmente a incidentes complejos ni proteger sectores críticos como energía, telecomunicaciones, salud o finanzas.
Avances relevantes que no deben minimizarse
A pesar del diagnóstico crítico, el reporte también muestra señales positivas que merecen destacarse.
1. Avances en divulgación responsable de vulnerabilidades
Una de las áreas con mayor crecimiento es la divulgación responsable de vulnerabilidades, que pasó de ser uno de los componentes más débiles en 2020 a mostrar avances significativos en varios países.
Este progreso es clave para fortalecer la confianza entre investigadores, sector privado y gobiernos. No obstante, sigue siendo una tarea pendiente en parte de la región, donde aún no existen marcos claros o mecanismos seguros para reportar fallas sin temor a represalias.
2. Perspectiva de género como factor de resiliencia
Un punto especialmente relevante del informe es el reconocimiento de la integración de género en ciberseguridad como un elemento crítico de resiliencia nacional.
Iniciativas lideradas por comunidades como CiberWarmi Ecuador demuestran que la inclusión no es solo una cuestión de equidad, sino de fortalecimiento del ecosistema, ampliando talento, diversidad de enfoques y capacidad de respuesta.
La evidencia es clara: ecosistemas más diversos son más resilientes frente a amenazas complejas y cambiantes.
3. La inequidad cibernética: una brecha silenciosa
El reporte también pone sobre la mesa una realidad preocupante:
- 75 % de las organizaciones con ingresos superiores a USD 5.5 mil millones cuentan con seguros cibernéticos.
- Solo 25 % de las organizaciones con ingresos menores a USD 250 millones tienen este tipo de cobertura.
Esta brecha refleja una inequidad cibernética estructural, donde las pequeñas y medianas organizaciones —frecuentemente proveedoras de sectores críticos— quedan expuestas y se convierten en vectores indirectos de riesgo sistémico.
4. Reconocimiento al ecosistema local: el caso de la AECI
Resulta especialmente alentador que el informe destaque a la AECI – Asociación Ecuatoriana de Ciberseguridad, como parte del ecosistema que impulsa capacidades reales desde la colaboración, la profesionalización y la articulación público-privada.
Este tipo de organizaciones son clave para cerrar la brecha entre política pública y ejecución técnica.
Ciberseguridad: un riesgo sistémico, no solo técnico
El mensaje central del reporte es contundente:
la ciberseguridad no es únicamente un problema técnico, sino un riesgo sistémico de continuidad de negocio, estabilidad institucional y confianza social.
Abordarla de forma efectiva requiere:
- Liderazgo político sostenido.
- Inversión continua, no reactiva.
- Fortalecimiento institucional real.
- Desarrollo de talento local.
- Colaboración público-privada y regional.
- Enfoques inclusivos e interseccionales.
Mientras la ciberseguridad siga tratándose como un requisito documental y no como una capacidad estratégica del Estado y de las organizaciones, la región continuará siendo vulnerable, sin importar cuántas estrategias nacionales se publiquen.
Conclusión
El Reporte 2025 de la OEA, el BID y la University of Oxford no solo diagnostica, sino que confirma una alerta que ya estaba encendida.
Latinoamérica necesita pasar del papel a la acción, de la estrategia a la ejecución, y del enfoque técnico aislado a una visión integral de riesgo y resiliencia.
La pregunta ya no es si debemos invertir en ciberseguridad, sino qué tan preparados estamos para asumir las consecuencias de no hacerlo.
Referencias
- Organización de los Estados Americanos (OEA), Banco Interamericano de Desarrollo (BID) & University of Oxford.
Reporte de Ciberseguridad 2025: Capacidades y Madurez en América Latina y el Caribe. - Banco Interamericano de Desarrollo (BID).
Cybersecurity Risk Management and Resilience in Latin America. - Organización de los Estados Americanos (OEA).
Cybersecurity Program & National Cybersecurity Strategies. - World Economic Forum.
Global Cybersecurity Outlook.
